teatro
fragmento de 'el corazón de chopin'
...
MIGUEL
Permiso.
(sonríe y le extiende el ramo)
MONICA
¿Son
para mí? Muchas gracias.
MIGUEL
Te
siguen gustando, verdad? Mi memoria guarda sólo las cosas importantes.
MONICA
Claro
que me gustan, te acordaste, gracias. (entra
a la cocina con el ramo en las manos y sale con un florero interpuesto)
Sentate, por favor. ¿Qué vas a tomar?
MIGUEL
¿Vos
qué tomás?
MONICA
Un
Cinzano con hielo y un chorrito de soda.
MIGUEL
Pues
yo te acompaño; entonces, dos Cinzanos.
MONICA
¿Hay?
Quiero decir, ¿queda?
MIGUEL
Si,
queda rosso, te vale?
MONICA
(sonriendo
condescendiente) Si, me vale
(se
sienta en el sofá)
MIGUEL (sentándose junto a MONICA)
Tomá.
Pero qué lindo verte otra vez, Moni, que ganas tenía!
MONICA (dulce reproche)
Si,
me imagino, por eso me llamaste desde el aeropuerto.
MIGUEL
Che,
no seas tan dura conmigo, tratá de entenderme, es muy duro volver, son muchas
las cosa que hay que tener en cuenta ,y te encontrás con cosas que no
esperabas, y el tiempo que...
MONICA (lo interrumpe cantando)
bla
bla bla bla bla bla bla...
MIGUEL
No,
en serio, es así. De cualquier manera, te pido formalmente disculpas y te debo
una explicación.
MONICA
No,
no, eso si que no, estás disculpado y ya está. ¿Qué te parece?
MIGUEL
Por
mí, bien.
MONICA
De
acuerdo, entonces. ¡Salud!
MIGUEL
¡Salut
i forca!
MONICA
Pero
contame, qué estás haciendo por acá, cómo te está yendo...
MIGUEL
Bien,
por suerte, bien, tenemos contrato con la Municipalidad con el quinteto para el
San Martín, y otros lugares, estoy dando clases, y alguna noche toco en el Aída,
un piano bar de por aquí cerquita, en la Plaza
Dorrego.
MONICA
Voy
a ir a escucharte, alguna vez
MIGUEL
Claro,
cuando quieras. Yo estoy la noche
de los domingos, y alguna otra que me da y voy y toco y me psicoanalizo.
MONICA
Entonces
voy a ir en la semana, a ver si tengo suerte, y puedo entender más allá de lo
que me decís.
MIGUEL
Pero
si yo soy transparente...
MONICA
¿Sí?
MIGUEL
Cristal
de Bohemia.
MONICA
No
sé, no sé...
MIGUEL
Una
vez me dijeron “es que tú eres
muy transparente...”, y en ese momento me sentí halagado. Después me puse a
pensar y no supe si me halagaban o me llamaban imbécil.
MONICA
Je,
y no lo preguntaste?
MIGUEL
No,
es que ya habían pasado ocho días.
(silencio a dos vasos)
MONICA
La
cena ya casi está (se levanta y sale hacia la cocina) ¿me ayudás a poner la
mesa?
MIGUEL
Si,
claro, decime dónde están las cosas.
MONICA (desde fuera)
La
vajilla en la puerta izquierda del vaiut, los cubiertos en el primer cajón. Poné
platos playos y hondos. Y cucharas.
MIGUEL
Que
hay sopa?
MONICA
Ya
veremos...
MIGUEL
Tenés
un lindo piso, ¿hace mucho que vivís aquí?
MONICA
No,
en realidad no mucho.
MIGUEL
Pues
está muy bien montado.(ve las velas y las
pone sobre la mesa con gesto de iniciativa)
MONICA (entrando)
Ya
está todo. A ver por acá qué falta? Platos, cubiertos, servilletas, copas...y
las velas, qué detalle! Sabés cómo poner una mesa, eh?
MIGUEL
Por favor...
(sale MONICA)
(mirando la biblioteca)
…qué libros tenés por aquí, vamos a ver…Fromm, Lacan, don Sigmund,
no te hacía tan psicoanalítica.
MONICA (desde fuera)
Qué
decís? Me estás hablando?
MIGUEL:
Miraba
tus libros. Has estrechado tu relación con el psicoanálisis. No me digas que
te analizás.
MONICA (asomando)
Sos
loco, che? Qué me decís? Lo que pasa es que hay que conocer de todo un poco…
MIGUEL:
Ya
me parecía raro, Monica enredada con psicólogos, mmmmhh, no me encajaba(sigue
mirando) ves, esto es más tuyo. Fernando Pessoa. Antología. (lee unpar de
títulos)
MONICA:
Me
encanta Pessoa. Te gusta?
MIGUEL:
Si,
Ricardo Reis; a los demás no alcanzo. Es que eso de los heterónimos…
MONICA: (entrando)
Un
recurso literario…
MIGUEL:
O
vital.
MONICA:
También,
puede ser, concedido. Falta la cuchara de servir.
MIGUEL:
Mil
perdones.
MONICA:
Ponela,
por favor, que ya traigo el primer plato.(sale
y entra en seguida) De
primero...crema de verduras. Absolutamente casera, por supuesto.
MIGUEL
Por
supuesto. (se sientan) Es la primera vez que voy a comer algo preparado por
vos.
MONICA
Sí,
la primera.
MIGUEL
Espero
que alguna vez comamos algo que hayamos hecho juntos. Es una experiencia metafísica
cocinar de a dos.
MONICA
Primero
probá esto y después hacé tus propuestas.
MIGUEL
Delicioso
MONICA
Gracias,
es una receta familiar.
MIGUEL
Y
por tanto, secreta.
MONICA
Yo
no lo habría dicho mejor.(con intención)
¿En Barcelona te hacían estos platos?
MIGUEL (sonriendo hacia adentro)
Alguna
vez, pero muy pocas, no pienses. Es que la cocina catalana es muy práctica pero
un poco pobre, nada vistosa. Los veintiséis de diciembre hacen una sopa con las
sobras de la comida de Navidad, cuando comen lo que sobró de la cena de
Nochebuena. Ni comparación con esta delicia que tengo delante.
MONICA
Bueno,
bueno, mejor guardá algunos halagos para más tarde.
MIGUEL
No
sufras que tengo.
(en el breve silencio irrumpe la música)
MIGUEL
El
Estudio N° 14; tenemos una relación muy especial con este estudio. Cuando me
hace falta parar un poco el ritmo porque voy desbocado, lo pongo en el equipo de
música, y cuando necesito juntar fuerzas para acelerarlo, me siento al piano y
lo intento.
MONICA
Me
equivoqué, entonces, no tengo piano...
MIGUEL (sin escucharla)
En
Barcelona conocí a un músico polaco, Ian, que era un apasionado de Chopin. Me
quería entusiasmar, y de hecho lo consiguió; decía que su aspiración era
hacer llegar el espíritu de Chopin de su pecho hasta sus dedos. Y que sólo había
oído interpretarlo dignamente a un profesor suyo de Varsovia.
MONICA (mirándolo entusiasmada)
¿Y
era bueno?
MIGUEL
¿Ian?
Si, era un muy buen pianista. Pero se ve que era mejor melómano. Una vez me
contó que Chopin, cuando tuvo que irse de Polonia, llevó a Viena y después a
París una latita de plata con tierra polaca que le regalaron sus amigos, y que
conservó hasta que murió.
MONICA
¡Qué
lindo!
MIGUEL
Si,
lindo y terrible, porque me lo contó como un secreto, o mejor como un tesoro
que conservara escondido, y cuando no sabía muy bien qué hacer con
una crisis nostálgica mía. Después me preguntaba qué llevaba yo en mi
latita de plata.
MONICA
Agudo
el polaco. ¿Y qué llevabas?
MIGUEL
Tenía
la añoranza fetichistamente dispersa, en Barcelona, sabés; tenía un mate, tenía
algunos discos compactos, mis zapatos, fotos; tenía algunas cosas, no lo voy a
negar. Pero creo que lo único con lo que estimulaba voluntariamente mi
nostalgia era con la música. Tenía músicos que me llevaban a lugares, a
personas, a situaciones. ¡Y los tenía catalogados! Mirá, Piazzolla, por
ejemplo. La música de Piazzolla, en general, me recordaba a San Telmo, no sé
por qué, un tópico decían algunos, yo prefiero creer en las esencias. Pero lo
cierto es que era así, sonaba Libertango y yo ya veía adoquines y casas bajas.
O Lito Vitale, que me llevaba al San Martín, o los boleros, que me traían
hasta vos.
MONICA (sonríe, eludiendo el ataque)
Y
Chopin ¿a qué te recordaba?
MIGUEL (entiende y desiste, pero no se da por vencido)
No,
Chopin a nada. Chopin tradujo al piano el idioma del agua, y con eso le basta.
¿Sabés qué otra cosa me contó Ian? Que
Chopin pidió que su corazón fuera trasladado a Varsovia cuando muriera. Y esa
fue una de las cosas que me decidió a regresar, el corazón de Chopin. ¿Te
imaginás la angustia lenta, cotidiana, interminable que debió
vivir un hombre para desear una cosa semejante? Probablemente era algo
parecido a lo que empezaba a sentir yo en
ese momento. El tipo pidió que separaran el corazón del resto de su cuerpo y
que lo llevaran de regreso a Polonia. ¿Sería que ése era su lugar? ¿Sería
que al irse se había dejado el corazón en Varsovia? ¿Sería eso lo que me
estaba pasando a mí?
MONICA
Hace
un tiempo me ofrecieron un trabajo, pero tenía que irme al exterior. Pensé
mucho en vos, Miguel, y en esto que me decís, en cómo sería estar lejos, en cómo
sería lo cotidiano estando lejos. Me dio miedo, no pude aceptar el trabajo.
MIGUEL
Pues
te aseguro que es una sensación extraña y contundente, y que a medida que va
pasando el tiempo va haciéndose más clara, y más clara.
MONICA
Siempre
me pregunté qué era lo que te retenía en Europa, sabía que las cosas te
estaban yendo bien económicamente, pero para el Miguel que yo conocía eso no
sería suficiente para estar lejos. Mi imaginación era una pasarela por la que
iban desfilando razones morenas, pelirrojas, rubias, incluso combinaciones, y me
preguntaba cuál de ellas sería capaz de retenerte y qué poder tendría para
hacerlo.
...