poemas  de    'mujerpatria'

 

                             mujerpatria

Te amo desde el centro de mi llanto.

Te amo desde el fondo de mis hijos.

A pesar del futuro despiadado.

A pesar de la bronca sin respiro.

 

Te amo con tu cielo encapotado.

Te amo con tus soles, de a poquito.

Te amo, aunque me hayas olvidado.

Te amo desde aquí, desde tu olvido.

 

No sé por qué te amo. No me pidas

que te explique cuestiones tan filosas,

ni que busque a mi amor una salida.

 

Te amo con tus eventuales rosas

y con tu eterno y fiel jardín de espinas.

Será porque no sé hacer otra cosa.

  

 

                                                mujerpatria 2

 Todavía te amo, desde lejos;

me fui aun sin haberte desamado.

Ojalá que no te hayas olvidado

de los días felices de años viejos.

 

No cabe aquí un perdón impertinente

si tus pasos aun andan mis calles,

y sé, mi amor, que como casi siempre

me estarás esperando por Lavalle.

 

Pero quiero volver. Volver a verte,

y volver a dormirme en tu regazo;

volver a vos a fuerza de quererte,

 

a fuerza de pegarme los pedazos,

porque siento acercarse, amor, la muerte

y yo quiero morirme entre tus brazos.

 

 

                                     patria robada

 Si era verdad al fin

que había una patria,

mujer,

yo estoy desamparado,

sin nada,

me la robó el alma de tu cuerpo

cuando me abrió en canal con su mirada.

 

Y ya no tengo más patria que tus ojos

cuando me miran,

enseñando el origen de las cosas,

mostrándome el sentido de la vida.

 

No me queda más patria que tus manos

cuando me tocan

los muslos, los olvidos, las heridas,

y no responden de lo que provocan.

 

No me queda más patria que tu pelo,

profunda ilusión,

cuando entrelazo su aroma con mis dedos

y justifico la locura y la traición.

 

No me queda más patria que el sonido

de tu voz clara

en la ocho letras de mi nombre,

en tu forma de amar desesperada.

 

No me queda más patria que tus labios,

almas cargadas,

que me abren o me cierran los caminos

con besos clandestinos o palabras.

 

No me queda más patria que tu vientre

cuando me llama,

y soy capaz de atravesar marismas

o de cambiar el té por unas sábanas.

 

Al fin

no me queda más patria que tus pasos,

mujerpatria,

para andar el futuro, y que un día

miremos hacia atrás nuestras pisadas.

 

  

                                             informe

 

Paso la tarde sin preocupaciones:

salgo del trabajo,

llego a casa a eso de las cuatro y media,

me lavo las manos, miro las llamadas,

me preparo el mate y alguna galleta,

me siento despacio en la mecedora

que, siempre dispuesta, me espera en la sala

y leo algún libro

                      -hoy La lentitud, de Milan Kundera-.

Los primeros náufragos dan por terminada

la sesión

de infusión

que explico a la gente que no entiende nada;

el sol va cayendo,

voy a comprar queso, el vino y el agua,

pan y cuatro cosas

                          las más necesarias,

porque el otro día abrí la  heladera:

eco y dos naranjas.

Antes de la cena,

antes de la magia

que alarga el plazo del plazo que alarga,

doy siempre un paseo

                     -¡qué bien me vendría

                           esta noche un perro

                                    que me acompañara!-            

mirá lo que son las cosas de la fiaca,

que siempre recorro los mismos lugares,

Padilla, Provença, Marina, y a casa

que sigue en la calle de los Enamorados

pero que hace un año se mudó una cuadra.

Después, lo que dije,

prograf y la cena,

que a veces esquivo y otras compro hecha,

y otras me arreglo con mis papas fritas

aceitunas, queso y una o dos cervezas,

aprovecho ahora que Llius no me mira

y de postre me hago un pan con manteca.

En la caja boba

                    todo es lamentable

aunque ahora han repuesto Doctor en Alaska

así que los jueves me quedo hasta tarde,

es la una y media si Fleischmann acaba

y al día siguiente no hay quien me levante.

 

La noche,

qué te puedo contar de la noche,

me voy a dormir,

leo otro poco,

me pierdo en mi cama,

vasto territorio,

tanto que no alcanzo a tocar su orilla

y me siento justo en medio de todo

este mar inmenso de seda y vacío,

parece que el mundo se me viene encima,

y me quedo inmóvil,

y me quedo solo,

y cierro los míos y veo tus ojos.

  

                                    mujerpatria 3

 Siempre es siempre, y siempre es mañana,

te dejo siempre para más adelante,

siempre buscada, amada y postergada:

lo urgente no da tiempo a lo importante.

 

Estás presente en todos mis desvelos

como razón de atravesar lo oscuro,

soportar la traición y el desconsuelo

y conjugar la fe en tiempo futuro.

 

Desolado por no tenerte cerca,

sos la clave de todas las distancias

y la medida de todas las ausencias.

 

Todo camino me lleva hasta tu puerta:

el verbo regresar está en tu esencia,

en tu piel, tu paisaje y tu fragancia.

 

 

                                                         paisajes

 

País,

paisaje perdido;

país del horizonte,

el mismo que busco

voy dejando atrás.

País de los tiempos,

el tuyo y el mío,

que al final cambiaron

tu piel

y mis veredas,

tus párpados

y mis orillas,

tu sexo

y mis avenidas;

nuestros paisajes.

   

                                             mujerpatria 5

 

Necesidad de vos es lo que tengo,

necesidad de vos si sos ausencia;

muero de amor, la vida es el regreso;

me desespero por tenerte cerca.

 

Y es tan grande el dolor si estás conmigo

que se me olvida la causa del retorno;

pienso sólo en huir, hacer camino;

poner, mi amor, distancia entre nosotros.

 

Carne de Freud, carne de manicomio,

carne clase turista y arruinado,

va reduciéndose mi repertorio;

 

no hago otra cosa que hablar de mi pasado.

De no querer mirar me arrancaré los ojos

o haré el valor de mi sueño enamorado.

     

                                                                 guiños

 Vos me mirás, ausente,

desde lo alto;

yo te miro,

sonrío,

y ahora subo;

yo equivoco el camino,

doy un salto,

y tu silencio me levanta un muro.

  

Yo me alejo,

me escondo muchos años,

me canso de pensarte

y regreso;

vos me buscás,

me recibís llorando,

besándome

y negándome a la vez

el beso.

 

Yo te pregunto

por años ya lejanos

y vos me contestás

lo que me aterra,

yo te suplico

que me hagas un futuro

y vos me hablás

de puertas que no cierran.

 

Te propongo una noche

y te volvés prosaica,

reconozco tu voz,

y vos la mía.

Te digo:

-Florentino en una barca-

y vos me respondés:

        -Toda la vida-.

 

noticias

Dónde estarás,

patria mujer,

tan maltratada,

enterrada por todos,

deshecha con minucia

de robos y abandonos.

No eras ilusión,

la piel de mi memoria

tiene el frío de mayo,

la bandera al viento,

aquellas lagañas,

estas lágrimas.

La voz de mi memoria

no se olvida

de la música de tus palabras

en la noche fantasma,

luz que termina.

No eras ilusión

eras verdad;

lo sé, lo saben

lo sabemos

si es que alguna vez

fuimos nosotros

en lugar de yo,

yo y a veces los demás,

si no molestan

ni son distintos.

Quién te hizo nacer en tres mitades?

Qué palas alimentan la zanja de Alsina?

Será ésa la tierra que te fueron echando

hasta enterrarte, sepultarte,

matarte en vida?

Bajo la cabeza

y siento

un grito apagado,

un latido

-hoy suena a metal contra metal-

tu corazón que es el mío

-¿viste que no lo habíamos perdido?

Voy a dejarme los dedos

en el asfalto

la tierra

las conciencias

voy a ofrecerte el aire que respires

voy a llenar de palabras tu memoria

no puedo esperar diez generaciones

necesito saberte ahora mismo

saber tu identidad de mezcla informe

ya todos nos iremos amasando

con las manos, la tierra, los sudores,

-lágrimas de sangre tenemos suficientes-.

No rechaces a mi corazón,

es una parte tuya

que vuelve aún sin haberse ido;

acá están mis manos de buscarte

acá están mis pies, de caminarte

acá está mi boca

y mi beso.

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© fernando blasco