pasos, poemas con circunstancias (1997)
algunos de los poemas publicados en el libro
meses
A veces
en agosto siento marzos,
y Ramos Mejía con lluvia
y con charquitos,
y dos cielos marrones
que me miran,
y una melena larga
por supuesto.
A veces
en agosto siento abriles
deshojados en cartas
desde lejos,
y sonidos celestes
de guitarra,
y blasfemias a la hora
de la siesta.
A veces
en agosto siento mayos,
y noches de Corrientes
y Esmeralda,
y vértigos del alma,
y estaciones,
y esperas en vacío,
y regresos.
A veces
en agosto siento meses
que una vez sucedieron,
no sé cuándo.
Y las ganas imperiosas
de contártelo.
destierro
El destierro
no es tanto por la tierra.
Que puedo estar lejos de mi plaza,
de mi bache en la esquina,
de mi calle empedrada,
sin llorar demasiado
(una vez por semana).
El destierro,
mi verdadero destierro,
es que vos te quedaste;
soy yo en el Mediterráneo
y vos en Buenos Aires,
es lejanía que abruma,
distancia inapelable.
El destierro,
el dolor de mi destierro
es verme obligado a amarte
desde un papel Kodak 20
por donde solés mirarme.
Te acordás? Plaza de Mayo,
amor nuevo y sol de tarde.
intención
Yo te busco, yo invado tus descansos,
los tomo por asalto y los someto,
los dejo malheridos, desangrados,
y con un beso suave te despierto.
Para que sepas que estoy enamorado.
Yo te sigo, yo ando tu camino
y lo voy recorriendo paso a paso,
ayer fui por detrás, ahora me arrimo,
y a veces me adelanto, por si acaso.
Para que sepas que somos del destino.
Yo te espero, yo soy un paraíso
que perduro plantado en tu vereda,
que lucho con hormigas, y organizo
mis tiempos de esperarte, mis esperas.
Para que sepas que el dios Tiempo nos hizo.
Yo te miro, yo busco cada instante
descifrarte el alma en la mirada,
deshojarte las penas, los amantes,
entrar en tus silencios y en tu almohada.
Para que sepas que mi amor viene de antes.
Yo te nombro, yo digo tus seis letras
a los vientos, al sol y al malvoncito,
y con tu nombre en mi voz como respuesta
rompo silencios de noche con mi grito.
Para que sepas que amarte es una fiesta.
Yo te canto, te doy mi poesía
manchada de dolor y desengaño,
llena de luces, de Dios, de lejanías,
toda cubierta de mis veinte años.
Para que sepas que hoy es todavía.
Yo te quiero, yo te ofrezco mi mano,
y sueño que me duermo en tu pecho,
y me sueño tu amante y soberano,
y me sueño soñándote en tu lecho.
Para que sepas, mi amor, que yo te amo.
desazón
Supongo que
andarás con tu horizonte,
proyectando futuros
y ternuras,
adornando tu pueblo
con tus pasos,
cuestionando el candor
con tu cintura,
amedrentando al sol
con tus ojazos.
Supongo que
serás toda risa,
toda danza,
toda sueño sereno,
toda árbol,
toda café con leche a la mañana,
toda calma de tarde de tu calle,
toda fiesta de la noche cuyana.
Yo sigo aquí,
tratando,
corriendo contra el viento,
contándome fracasos;
a veces te recuerdo
y me arrepiento,
a veces te recuerdo
y te extraño,
y pregunto por viejos argumentos,
y quisiera ser Dios por un segundo
para volver el tiempo hasta entonces,
y pienso que quizá, tal vez mañana,
y me repito aquello que decías,
y recuerdo cómo era tu mirada.
Pero sigo,
hago de tripas corazón,
y sigo,
y trato de traerte proyectarte,
y guardo mi esperanza en el otoño.
Aunque a veces sospecho que ya es tarde.
aguamarina
Ojos del mar,
mi amor,
sabés que siempre acaba
lo que empieza,
que el corazón
es como un fósforo
que se nos quema.
Ojos del mar,
mi amor,
ayer es sólo
una ilusión funesta
que ya no es.
Si hoy yo te quiero
puede ser que puedas.
Ojos del mar,
mi amor,
nuestro futuro
es casi una sonrisa,
una canción,
un loco andando a pie
por la cornisa.
Ojos del mar,
mi amor,
busquemos por la calle
juntos la manera
para saber
quién nos marcó el camino
y adónde nos lleva.
Ojos del mar,
mi amor,
el tiempo que nos queda
ya comienza.
Tomémoslo.
Tal vez un día seamos ausencia.
eterno retorno
Nadie pudo saber de qué manera,
ni en qué hora fugaz del Universo
llegaría el momento en que mis versos
regresaran al lugar donde nacieran.
Pera, está visto, es de Dios quesea ahora
que nada se interpone entre mis mares,
mis rincones, mis cajas de Pandora,
y tus dulces auroras oculares.
Hora de confesiones, sin los otros,
hora perfecta para un desacato,
momento de diluvio y terremoto.
Vení, acercate a conversar un rato,
miralo, está ahí al lado de las fotos,
es seis tres uno seis cinco dos cuatro.